9 de agosto – Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Xtámbaa
Nè’ne xàñúun a’ó
mbi’i rí nìrugáan,
àtsíyáa rí xùgii rí núñaa ikháán núñí ikhúún nye’,
nìndxá’wa ló’ ná nixphíbí rìga ràwúan,
ná nìgrigá’ ló’ gàjmíí anjgián’ ló’
khamí xuge’ nángua rá,
náa màro’ó gà’khó rìge rá,
tsá jàyá ìdxúu xuajíín ro’,
naa krùse màxtrigùùn ñò’ón tsí nudii a’ó rá,
naa júbà màxkhámaa nàkuáa’
xùge rí nanbra’á mìnaa ngàmí xùbía’
khamí nàgajáa iñúu tsìá’ ló’ rá.
Mi voz se hizo nido
El día que te agarraron,
¿Qué no saben que todo lo que te hagan me lo hacen a mí?,
aullé el relámpago en tu boca,
donde anduvimos con los nuestros
y ahora, ya no,
¿Dónde amarraré este dolor que enciende la esperanza?
¿Quién traerá la cabeza del pueblo?
¿En qué cruces colgaré aves que sepultan mi lengua?
¿En qué tierra he de encontrar tus pasos,
ahora, que tu cuerpo se acobija en el miedo
y crece la espiga de nuestra rabia?
Fragmento de Piel de tierra, de Hubert Matiúwàa,
escrito en mè´phàà, lengua indígena hablada en México.

 

Los pueblos indígenas no son páginas de un pasado remoto. Según datos de las Naciones Unidas, en la actualidad hay en el mundo más de cinco mil grupos (unas 370 millones de personas) que se reivindican como pueblos indígenas e intentan llevar adelante su vida a partir de una visión milenaria heredada de sus antepasados. Representan el 15% de los más pobres en el mundo y muchas de entre las siete mil lenguas que hablan están en peligro de extinción.

De acuerdo a un relevamiento de 2017 del Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, cada dos semanas desaparece un idioma indígena. El reservorio lingüístico de un pueblo no solo se constituye de palabras. Las lenguas traen consigo conocimientos tradicionales y representan un patrimonio cultural inmaterial invaluable. Su extinción conlleva la pérdida de  prácticas culturales y formas únicas de relacionarse entre las personas, las sociedades y la naturaleza, son la expresión más visible de la diversidad cultural y  la esencia de su identidad, por lo que una amenaza real a su desaparición compromete sus propias posibilidades de supervivencia.

370 millones de personas se reivindican como parte de pueblos indígenas.

La preservación de este patrimonio cultural inmaterial es un derecho. En 2007 por resolución de la Asamblea General se aprobó la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Allí se establece que los pueblos indígenas tienen derecho a impartir educación y a tener acceso a sus culturas en sus propios idiomas. A su vez, afirma que el Estado tiene la obligación de garantizar este derecho.

Existen diferentes ejemplos de políticas públicas en este sentido.

En México por ejemplo, en 2003 se creó el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) que tiene como objetivo la promoción, fortalecimiento, preservación y desarrollo de las lenguas indígenas de todo el territorio nacional junto al asesoramiento en el desarrollo de políticas públicas en la materia para todas las áreas del gobierno. Entre algunas actividades del instituto,- en colaboración con universidades y organismos públicos-, está el Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA), una iniciativa  que busca reconocer y estimular las creaciones literarias de los y las escritoras en lenguas indígenas. En la edición 2017 resultó ganador el poeta Hubert Matiúwàa con su libro “Las sombrereras de Tsítsídiin”, escrito en mè´phàà, su lengua materna.

Cada dos semanas desaparece un idioma indígena.

Otra práctica relacionada es la que conduce el Órgano Electoral Plurinacional de Bolivia que junto con la Fundación Konrad Adenauer, realizó la traducción de la Constitución Política del Estado en tres idiomas de pueblos indígenas: aimara, quechua y guaraní. Fue la primera vez que la carta magna fue traducida a las lenguas originarias, habladas por el 80% de la población.

Existen iniciativas y proyectos sin participación de los Estados que contribuyen en la preservación de lenguas indígenas. En Argentina el grupo musical Tonolec viene trabajando desde hace 20 años en esta línea y recientemente lanzó su nuevo álbum Mitai, un repertorio de cantos nativos infantiles en diferentes lenguas indígenas. Tonolec es un dúo del norte argentino integrado por Charo Bogarín y Diego Pérez. El grupo desde sus comienzos se destacó por proponer una fusión de géneros étnicos y electrónicos y por su selección de canciones interpretadas en idiomas de pueblos originarios como el guaraní o el qom.

Precisamente, el nombre de su último trabajo, Mitai, es una palabra que significa niño en guaraní y  que todavía se utiliza en el norte litoral argentino y en otros países de la región. El álbum ofrece un recorrido por narraciones y leyendas ancestrales que conforman la idiosincrasia e influencia guaranítica.

La propuesta de Tonolec cobra mayor relevancia si se tiene en cuenta los datos de Argentina respecto a las lenguas indígenas. Si bien en el último censo nacional de 2010 se constató que hay casi un millón de personas (2,8 % de la población) pertenecientes o descendientes de pueblos indígenas, la mayoría de sus lenguas está en riesgo. Según el Atlas UNESCO de las lenguas del mundo en peligro, son trece las lenguas amenazadas: tres en situación vulnerable, pilagá, wichí y guaraní boliviano; cinco en peligro, mocobi, quechua de Santiago del Estero, toba, manjui y avá-guaraní; cuatro seriamente en peligro, mapuche, mbya Guarani, chorote Iyojwa’ja y tapieté y una en situación crítica, chaná.

No sólo son importantes las políticas públicas en la promoción de derechos humanos, también es clave que las sociedades difundan y reivindiquen la diversidad de sus lenguas.

Charo Bogarín, vocalista del grupo, tiene una visión esperanzadora. “Como artistas creo que es importante focalizar parte de nuestra obra en quienes serán nuestro futuro. Es sabido que pensamiento e identidad se forman a través de expresiones artísticas y es hermoso pensar a nuestras nuevas generaciones cantando en lenguas originarias con naturalidad, pensándose diversos”, explicó en una entrevista a un medio argentino.

Para UNESCO la preservación de las lenguas es una tarea crucial en la medida que “todo idioma refleja una visión del mundo única en su género, con su propio sistema de valores, su filosofía específica y sus características culturales peculiares. (…) cada vez que se extingue una lengua, la humanidad pierde en diversidad y riqueza cultural. Y en cada extinción, las sociedades pierden parte de su historia y sus orígenes”. Las consecuencias no son menores. Sostiene Diego Pérez de Tonolec: “Uno es como un árbol. Hasta que no tiene la raíz bien afirmada no puede ser un árbol firme y cualquier viento lo puede tumbar”.