21 de septiembre – Día Internacional de la Paz

“No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla”
Eleonore Roosvelt
“No hay camino para la paz, la paz es el camino”
Mahatma Gandhi

En 1981 la Asamblea de las Naciones Unidas estableció el 21 de septiembre como el Día Internacional de la Paz. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero la paz sigue siendo uno de los reclamos indispensables de las sociedades. Según la Escola de Cultura de Pau de Barcelona, durante 2017 se registraron 33 conflictos armados en el mundo que tuvieron graves consecuencias en muertes y millones de personas desplazadas. Es tan acuciante la situación que la ONU plantea el “Derecho a la Paz” como el lema para este aniversario.

La Paz es parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados en 2015 por los países que integran las Naciones Unidas. En el ODS 16 se afirma que “sin paz, estabilidad, derechos humanos y gobernabilidad efectiva basada en el Estado de derecho, no es posible alcanzar el desarrollo sostenible”. Es difícil pensar en sociedades que se desarrollen si en el mundo cada minuto son desplazadas veinte personas por culpa de un conflicto o persecución.

En el mundo cada minuto son desplazadas veinte personas por culpa de un conflicto o persecución.

Asimismo, es evidente que los altos niveles de violencia armada e inseguridad atentan contra la construcción de sociedades pacificas e inclusivas. Una de las principales víctimas de los conflictos armados son niñas y niños en edad escolar primaria. Se calcula que 28.5 millones de menores que no pueden asistir a la escuela en las zonas de conflictos.

Colombia y la construcción de su histórico proceso de paz

En Colombia se está viviendo uno de los procesos de paz más profundos que representa un ejemplo mundial. En 2016 el gobierno colombiano firmó acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la principal guerrilla en actividad. De esta manera, se puso fin a más de cincuenta años de guerra interna y violencia política que dejó 262.197 personas asesinadas, según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de ese país.

El acuerdo de paz ha sido apoyado por la mayoría de los países, los organismos internacionales y autoridades religiosas como el Papa Francisco. Incluso el presidente colombiano Juan Manuel Santos, que impulsó fuertemente los acuerdos, fue galardonado con el Nobel de la Paz 2016 por “sus esfuerzos para terminar con la guerra civil”. El comité Nobel también sostuvo que el premio debía ser considerado como un tributo al pueblo colombiano y a las incontables víctimas.

Las consecuencias del conflicto son impactantes. Según el CNMH, hubo 215.005 civiles asesinados, 15.687 víctimas de violencia sexual y 17.804 menores de 18 años reclutados para combatir. Uno de los crímenes más atroces fue la desaparición forzada de personas. Han sido registrados 80.514 desaparecidos y desaparecidas, de los cuales 70.587 todavía no se sabe cuál ha sido destino.

El acuerdo tuvo en cuenta una gran variedad de aspectos que da cuenta de la complejidad del conflicto. Se acordó, entre otras cuestiones, el desarme de la guerrilla, la creación un sistema de justicia especial para juzgar los crímenes cometidos, reparación para las víctimas y la protección de los y las defensoras de derechos humanos.

En Colombia se puso fin a más de cincuenta años de guerra interna y violencia política que dejó 262.197 personas asesinadas, según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de ese país.

Si bien, quedan muchas cuestiones pendientes por corregir, el acuerdo ya ha mejorado la situación del país. Sólo en el primer año se redujo casi a la mitad la cantidad de desplazados y desplazadas. Mientras en 2016 hubo 91.045 personas desplazadas, en 2017 hubo 48.335. Según un estudio del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC) el proceso de paz previno, al menos, la muerte de 2.796 personas. De acuerdo con la misma entidad, de 867 combates que se registraban con reductos de las FARC en 2007, la cifra cayó a 106 en 2015 y a 13 en 2016.

Memoria, arte y paz

El río Cauca está ubicado en Colombia occidental. Su caudal de agua impactante atraviesa 22.140 kilómetros cuadrados y limita con las localidades de Chocó, Quindío, Risaralda, Tolima, Cauca y con el Océano Pacífico. Casi cuatro millones y medio de personas viven cerca de sus orillas. Quiénes lo conocieron aseguran que su belleza es inolvidable. Muchos no sospecharían que allí fueron arrojadas miles de víctimas del conflicto armado que asoló al país sudamericano durante décadas.

En 2008 se inició el proyecto “Magdalenas del Cauca”. Se trata de una intervención artística en el río que intenta mantener viva la memoria de las víctimas de esta práctica de guerra aberrante. Con la participación de familiares de víctimas, los artistas Gabriel Posada y Yordaly Ruiz construyeron balsas con retratos a gran escala de desaparecidos, que recorren el mismo río donde fueron arrojados.

Cada balsa es una Magdalena y el nombre se debe a la referencia de una imagen histórica en el imaginario popular de la zona: las viudas que cuentan su propia historia. Al recorrer el Cauca vuelven a hacer visible a aquellas las personas que no están, pero que aún se siguen buscando. La imagen recorre las poblaciones que tienen otras víctimas similares. También es una oportunidad para retratar con fotografías aquellas ausencias y dar a difundir historias impactantes de una guerra dolorosa.

“La obra nació en la imaginación de un niño que iba a pescar en el río Cauca con su papá en los primeros años de la década de 1970 y veía bajar muertos por su cauce al amparo de nadie, ese niño creció, se hizo artista y después de casi 40 años logró realizar esas balsas que en su imaginación llevaban pintadas unas mujeres con la foto de sus hijos buscándolos por su cauce”, contó al CIPDH Yorlady Ruiz.

Eel proyecto “Magdalenas del Cauca” se trata de una intervención artística en el río que intenta mantener viva la memoria de las víctimas de esta práctica de guerra aberrante.

Cada magdalena –representada en cada balsa- comienza su derrotero por el rio acompañada por sus realizadores y/o realizadoras desde el departamento del Valle hasta los departamentos de Risaralda y Caldas, donde las zonas navegables se reducen y la obra es abandonada cuando comienzan los rápidos. Allí la despiden nostálgicamente en el horizonte con una larga oración en el vacío.

A la fecha se han realizado diecinueve magdalenas. Lo que nació como un proyecto de dos artistas, se ha convertido en una obra colectiva. Familiares, amigos, amigas y pobladores han participado de la elaboración. También ha sido y es una experiencia que enriquece a la memoria colectiva del lugar. Si bien para Ruiz el significado de la obra no ha cambiado a partir del proceso de paz en marcha, “lo que sí ha sucedido es que los diversos lugares donde se ha compartido la experiencia nos han permitido comprender procesos de duelo y de vivencia simbólica que aporta el arte ante la desaparición forzada”. Asimismo, -continuó Ruiz-“le ha aportado al proceso de paz, este acto político trascendental, que mucho antes de ser firmado en papeles oficiales, ha germinado en cientos de colombianos que buscamos trazos diferentes incluso para hacerle memoria a los ausentes”.