8 de marzo – Día Internacional de la Mujer

Hoy se conmemora y se actualiza una lucha por los derechos, la igualdad y la justicia de las mujeres. Si bien están reconocidos internacionalmente y se han logrado avances importantes, todavía persiste una disparidad palpable en todos los ámbitos. Así se desprende del informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Hacer las promesas realidad: la igualdad de género en la agenda 2030 que muestra a las mujeres en una posición inferior a la de los hombres en todos los indicadores de desarrollo sostenible.

Este día tiene su origen institucional en agosto de 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que tuvo lugar en Copenhague, Dinamarca. Allí se estableció que este sería un día “para hacer campaña por el derecho de la mujer al voto y por su emancipación política”, en épocas en las que aún las mujeres no tenían permitido votar. Desde entonces mucho se ha avanzado y los reclamos se han ampliado a todos los ámbitos. El reconocimiento internacional llegó en 1977, cuando la Asamblea General de la ONU proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer. En 2011 hubo un mayor impulso cuando se creó un organismo específico, ONU Mujeres, que tiene como objetivo mejorar las condiciones de vida de las mujeres y responder a las necesidades que enfrentan en el mundo. Hoy la igualdad de género es uno de los 17 objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Un aspecto central de la desigualdad es la situación laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la ONU consideran que la justicia social (que incluye el trabajo digno y la igualdad de oportunidades) es imprescindible para alcanzar el desarrollo sostenible. Esto quiere decir que no alcanza solo con el crecimiento económico. Es necesario llevar adelante diferentes acciones para lograr la igualdad entre géneros. La disparidad es notable. A nivel mundial existe una brecha salarial de 23% entre hombres y mujeres. A esto hay que sumarle la diferencia en el tiempo dedicado al trabajo doméstico y a cuidados no remunerados. Las mujeres continúan dedicándole 2,6 veces más tiempo que los hombres. Otro dato que grafica bien esta situación es la diferencia en la tasa de actividad, es decir, de las personas económicamente activas que tienen trabajo. En los varones llega al 94%, en tanto que en las mujeres representa el 63%.

La igualdad de género en la agenda global

La movilización por este derecho crece en todo el mundo. Al movimiento #NiUnaMenos, que nació en Argentina y se extendió a Latinoamérica, se sumaron otros contra la violencia y el acoso sexual como #MeToo en Estados Unidos, #QuellaVoltaChe en Italia y #BalanceTonPorc en Francia. Los reclamos son diversos pero en su mayoría exigen políticas públicas específicas para atender las vulnerabilidades de las mujeres.

La ONU estableció un objetivo específico –“lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”– en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Allí se afirma que la igualdad entre los géneros “no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible”.

Representar a la mujer trabajadora

María Rosario trabajaba en una fábrica de galletitas en Argentina. Cada día se levantaba muy temprano y compartía junto a sus compañeras y compañeros horas duras entre aromas dulces. Además de  cumplir tareas dignas de Tiempos Modernos de Chaplin, María Rosario era delegada sindical. Su historia fue contada en la muestra pictórica “Un día en la vida de María Rosario, una trabajadora” (2008) de la artista argentina Diana Dowec. Algunas de las pinturas que formaron parte de la muestra ilustran esta publicación.

“La elección de María Rosario surge de mi deseo de rescatar la gravitación importante que viene teniendo la mujer en las luchas sociales, las actividades solidarias”, explicó Diana Dowek en una entrevista. Al momento de realizar la muestra, Rosario tenía treinta y cinco años y llevaba diez como delegada. Entre sus logros contaba haber conseguido cuarenta minutos para una comida caliente (en vez de la factura y el mate cocido anteriores) y un jardín maternal con maestras especializadas. Un tiempo después fue despedida por su actividad gremial.

Dowec acompañó a Rosario en su casa y en el trabajo y la fotografió en diferentes situaciones. Luego trabajó esas imágenes plásticamente: creó texturas, quitó y agregó nuevos colores. Cuando desde la Oficina de Recursos Humanos de la fábrica le preguntaron por qué quería ir a la fábrica, se dio cuenta que se debía a la ausencia de las mujeres trabajadoras en el arte argentino. Entonces su objetivo quedó claro: imprimirle a su obra un estilo documental para retratar desde el arte la vida de la protagonista y sus compañeras/os, con sus penurias, reclamos y conquistas de derechos.