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El flagelo de los niños y niñas soldados

 “Cada niño soldado es un grito que se eleva a Dios y acusa a los adultos que han puesto las armas en sus pequeñas manos”. Papa Francisco.

El flagelo de los niños y niñas soldados, escudos humanos y el trabajo forzado como violación grave al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Autores: Lic. Diego Lucas Magallón  y Lic. Carlos Martín Calvo

Introducción

En este artículo nos expresaremos sobre el actual flagelo que generan las graves violaciones a los derechos de los niños/niñas en su rol de soldados, escudos humanos y/o en el trabajo forzoso, y también se hará hincapié en las consecuencias tanto físicas como psicológicas, situación que pone de manifiesto las dificultades por parte de la comunidad internacional para  terminar con esta realidad. El panorama indica que, hasta el momento y pese a los esfuerzos realizados para estimular la adopción de mecanismos que ayuden a frenar este fenómeno, se ha fracasado y el número de niños/niñas sometidos a estas graves violaciones de sus derechos continúa en aumento.

En el siglo XXI nos hallamos frente a la alarmante enunciación por parte del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) de que se calcula que hay alrededor de unos 300.000 niños y niñas menores de 18 años que participan activamente en conflictos armados.

A pesar de los indiscutibles esfuerzos en legislación internacional para atenuar estas fatalidades y concientizar a los Estados, los niños y niñas siguen siendo vulnerables al reclutamiento forzado y al empleo como combatientes en los conflictos actuales.

La violación del derecho internacional humanitario y en forma sistemática de los derechos del niño, es un método habitual en los conflictos actuales (África, Medio Oriente, Haití etc.). Es de tal dimensión esta situación que el reclutamiento forzado en los conflictos armados de niños se ha convertido en una de las principales causas de la violación de sus derechos.  

La transgresión en los menores sufre un proceso muy complicado y comprende: ser víctimas de violencia física, del reclutamiento forzado, del trabajo infantil, víctimas sexuales y de las violaciones del derecho a ser protegidos contra las guerras y los conflictos armados internos y contra la utilización y reclutamiento por parte de las diferentes fracciones armadas generalmente constituidos fuera de la ley.

A su vez, en nuestra opinión, es de suma importancia la educación y difusión sobre lo que es el reclutamiento de niños para hacerlos parte de conflictos armados, y las consecuencias que esto implica, ya que todavía hay un gran desconocimiento sobre el tema en ciertos sectores de la comunidad internacional.

Además, en las explotaciones mineras en la República del Congo, las condiciones de trabajo forzoso de niños son crueles. Al igual que los adultos, trabajan sin cesar y sin medida mínima alguna de protección o de seguridad. Y niñas y niños son expuestos como “escudos humanos”, término que describe un método de guerra prohibido por el DIH, en el que se utiliza la presencia de civiles o el movimiento de la población civil, ya sea voluntario o involuntario, para proteger objetivos militares de ataques, o para proteger, favorecer o impedir operaciones militares

“En una situación de guerra, la principal consecuencia es la gran cantidad de civiles inocentes que pierden la vida, más de la mitad son niños”.

Otra forma de explotación es el trabajo de los niños en minas,  prohibido en los convenios internacionales donde se declara la expresa prohibición del trabajo forzoso de niños. 

 Antecedentes

En los años noventa se comienza a analizar a nivel internacional, dentro del marco de combatientes, la categoría de los niños/niñas soldados, al filtrarse fotos de menores portando armas en la región de África Subsahariana, y además surgió el informe elaborado por Graça Machel, Representante Especial del Secretario General para la cuestión de los niños y conflictos armados, quien a pedido de las Naciones Unidas investigó el destino que habían corrido los niños en las guerras. Machel (1996) dijo:

Millones de niños están atrapados en conflictos en los que no son meros espectadores, sino objetivos. Algunos caen víctimas de un ataque general contra la población civil, otros mueren como parte de un genocidio calculado. Otros niños y niñas sufren los efectos de la violencia sexual o las múltiples privaciones del conflicto armado que los exponen al hambre o a la enfermedad. Igualmente chocante es que miles de jóvenes sean explotados cínicamente como combatientes”; estas afirmaciones generaron un llamado de atención de los delegados de la Asamblea General de las Naciones Unidas, quienes no sospechaban la dimensión de la tragedia.  

Cobas (2016), expone, al respecto, que este documento fue el punto de partida y una llamada de atención a los gobiernos, agencias responsables de la protección de la infancia y a la sociedad civil sobre las desgarradoras consecuencias de la violencia armada en los niños y las niñas. En un análisis pormenorizado de la situación de la infancia en los conflictos, desarrolla el concepto ampliado de niños vinculados a grupos y fuerzas armadas (no solo como combatientes), y detalla cómo la guerra está minando física y mentalmente las vidas de millones de niños.

En síntesis, este estudio permite al lector tomar conciencia de la presencia de niños abandonados, torturados y violados en los diferentes conflictos armados, con secuelas para toda la vida.

“Los niños de hoy serán los adultos del mañana, si no se hace nada al respecto, la comunidad internacional corre el gran riesgo de perder una generación entera”.

Ahora, vale la pena preguntarnos ¿Qué es un niño/niña soldado?

De acuerdo a lo señalado en los Principios de Ciudad del Cabo, un niño soldado es cualquier persona menor de 18 años que forma parte de cualquier tipo de fuerza armada regular o irregular en cualquier capacidad, inclusive, pero no sólo, como cocinero, porteador, mensajero, y cualquiera que acompaña a estos grupos, excepto los familiares. La definición incluye niñas reclutadas para realizar actividades sexuales y contraer matrimonios por la fuerza. (Unicef, 2017) 

 Cabe aclarar que, a pesar de contar con un sin número de instrumentos jurídicos que defienden los derechos del niño, éstos son constantemente violados por aquellos grupos armados que alistan a menores de edad para participar como soldados en sus filas. 

Un ejemplo de estos instrumentos es el “Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en conflictos armados”, adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 25 de mayo de 2000 y que entró en vigencia el 12 de febrero de 2002.

En los actuales conflictos armados, los niños y niñas son las primeras víctimas, siendo uno de los grupos más vulnerables, y como dijimos precedentemente, distintos grupos armados continúan haciéndolos formar parte en sus organizaciones como “soldados”.

“En la República Democrática del Congo desde 1996 los niños combatientes en todos los grupos armados del país representan el 40% de las tropas”

Las niñas soldado son utilizadas como combatientes, como escudos humanos, obligadas a caminar por espacios minados, como armas explosivas y esclavas sexuales.

Por ejemplo, en la República Democrática del Congo éstas son sometidas a la esclavitud sexual y en Sierra Leona se convirtieron en “Bush wives” o esposas de la selva.

Principales Instrumentos Jurídicos Internacionales que preservan a los niños y niñas de ser reclutados en situaciones de conflictos armados.

  • Protección de los niños, del Protocolo I a los Convenios de Ginebra. Las Partes en conflicto tomarán todas las medidas posibles para que los niños menores de 15 años no participen directamente en las hostilidades, en especial abstenerse de reclutarlos para sus fuerzas armadas. Al reclutar personas de más de 15 años pero menores de dieciocho años, las Partes en conflicto procurarán alistar en primer lugar a los de más edad (Comité Internacional de la Cruz Roja, 2017, p.50).
  • Convención sobre los Derechos del niño, noviembre de 1989. Esta Convención, de carácter casi universal, es el resultado de una larga negociación iniciada por el Gobierno de Polonia en 1978. En ella se protegen la dignidad, la igualdad y los derechos fundamentales de los niños. La Convención consta de 54 artículos, que abarcan el conjunto de los derechos humanos del niño, es decir, sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales (Dutil, 2003, p.6). Según la Convención sobre los Derechos del Niño en su artículo 1, “se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad” (Unicef, 2006, p.6).
  • El Estatuto de Roma, el 17 de julio de 1998, por la Conferencia Diplomática de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas, que tenía como fin establecer la Corte Penal Internacional. El mismo puede considerarse como un documento histórico en la campaña contra la utilización de los niños y las niñas en los conflictos armados. En él, se define como crimen de guerra, entre otros actos, reclutar a niños menores de 15 años para participar en los conflictos armados, tanto internacionales como de nivel nacional. Esto se puede observar en su artículo 8 – Crímenes de Guerra: “Reclutar o alistar a niños menores de 15 años en las fuerzas armadas nacionales o utilizarlos para participar activamente en las hostilidades” (OEA, 2017, p.8).
  • La Conferencia Internacional del Trabajo y las normas propuestas sobre las peores formas de trabajo infantil, en su 86ª reunión de junio de 1998. El artículo 3 del Convenio de la OIT establece que «las peores formas de trabajo infantil» abarcan: a) todas las formas de esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, tales como la venta y el tráfico de niños, el trabajo forzoso u obligatorio, la servidumbre por deudas y la condición de siervo; b) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas; c) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes y de sustancias psicotrópicas, tal como se definen en los tratados internacionales pertinentes; d) cualquier otro tipo de trabajo o actividad que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, pueda suponer una amenaza para la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

 Reclutamiento

Una razón para la incorporación de los niños y niñas es que los mismos son una herramienta de guerra barata y, a su vez, son fáciles de adoctrinar y de entrenar militarmente, por lo que son lastimosamente manipulados con asiduidad. Muchos creen que los niños cumplen las órdenes con más facilidad que los adultos.

Tal y como manifestaba Monestier (1998), el reclutamiento de niños por las fuerzas combatientes comenzó a hacerse preocupante en los años ochenta. “Desde entonces no ha dejado de agravarse, convirtiéndose en una constante de los conflictos contemporáneos”.

El reclutamiento y utilización forzosa de menores constituye una de las principales formas de violación de los derechos de los menores. Este hecho se establece por su heterogeneidad, dada la amplitud de escenarios bélicos, los procesos de captación y adiestramiento, y la multitud de funciones para los que se reclutan a niños y niñas. 

La mayoría de los niños/niñas soldados son reclutados por movimientos guerrilleros o grupos armados no estatales. Sin embargo, algunos han sido reclutados por fuerzas armadas gubernamentales. 

Según la agencia de la ONU, desde comienzos de año más de 650 niños han sido reclutados por grupos armados en Sudán del Sur. Desde que estalló el conflicto en 2013, se estima que 16.000 menores han sido reclutados por grupos y fuerzas armadas, un fenómeno que continúa pese al compromiso político generalizado de acabar con él.

Dos son los procesos por los que un niño se convierte en soldado: 

Incorporación a los grupos armados

El reclutamiento de niños y niñas soldados es una problemática que continúa muy vigente y que mantiene en vilo a toda la comunidad internacional

El mismo comienza con la adaptación, en donde se los incentiva con comida extra o el pago de dinero. En todo momento los niños son estrictamente vigilados. Ganada su voluntad, comienza un fuerte adoctrinamiento y endurecimiento mental.

  • Incorporación forzada como consecuencia de razzia o secuestros individuales en campos, escuelas, orfanatos, o en ataques a la población civil, siendo conducidos a su ulterior instrucción militar y adoctrinamiento.
  • Alistamiento voluntario ocasionado por diferentes contextos: menores que han crecido durante el conflicto, no conociendo otro ambiente que la violencia, la muerte y el sonido de las armas; otros en virtud de que sus familias han quedado desgarradas, se han quedado sin escuelas, o creyendo que el ejército o el grupo armado son el lugar en el que van a realizarse como personas; y otros niños, en cambio, horrorizados, hambrientos y huérfanos, o por un deseo de venganza, ya que han sido testigos vivientes de los asesinatos llevados a cabo contra sus familiares.

Entrenamiento y adoctrinamiento

Se los entrena en el uso de las armas y en tácticas de combate a fin de lograr soldados eficientes. El adoctrinamiento variará según el contexto y el tipo de grupo armado pero esta actividad implica normalmente la manipulación, al ser adoctrinados con ideologías extremistas o nacionalistas. Se trata de convencerlos de la causa que se persigue pero también se utiliza la coerción, amenazas o daños físicos y psicológicos, para unirse al grupo armado y participar en la lucha.

Como ejemplo de esto vemos en la franja de Gaza cómo los grupos terroristas de Hamas adoctrinan a niños para unirse a la Yihad (principio del Islam que describe la voluntad ética y religiosa de los musulmanes para buscar el bien y alejarse del mal), les inculcan el férreo odio a los judíos y la búsqueda del martirio como causa superior.

La desmovilización y la rehabilitación y reintegración social de los “Niños soldado”

El proceso de reinserción y sanación de los menores soldados implica un largo camino y muy complejo, estos niños al regresar a sus hogares enfrentan difíciles consecuencias físicas y psicológicas.

Muchos de ellos fueron testigos de muertes, asesinatos y violencia sexual, mientras que otros fueron obligados a cometer actos violentos, lo que resulta en un daño psicológico grave a largo plazo. La reinserción en la sociedad es un proceso duro pero decisivo para su recuperación y la restauración de sus vidas. 

Como consecuencias psicológicas, el trauma emocional y psicológico genera en niños y niñas, habitualmente, estrés postraumático, ansiedad y depresión, según expresan integrantes de organizaciones internacionales y profesionales de la salud que han atendido a estas víctimas luego de vividos esos sucesos..

Como enunciaran Yamila, Espíndola, Cardoso y González (2007),  todas aquellas mujeres que han sido violadas padecen sufrimiento y trauma. Muchas de ellas acaban desarrollando trastornos de salud mental y otras sienten vergüenza, culpa, problemas de sueño y retraimiento, que les impiden llevar una vida normal. Muchas de sus pacientes sienten miedo, ansiedad, tienen recuerdos perturbadores, tienen sensación de encontrarse enfermas, desaparece en ellas el deseo sexual

Por su parte Monestier (1998) apuntaba que, en el caso de los niños mutilados, las amputaciones, aparte de secuela física, no son sólo fuente de trastornos psíquicos graves sino que conllevan también prejuicios sociales y culturales que favorecen la marginación de esos pequeños. Además, los traumas psíquicos que sufren estos niños se arrastran a lo largo de su vida, manifestándose en pesadillas, sienten vergüenza, producen alteraciones en ellos que generan períodos de agresividad, depresión y un gran sentimiento de impotencia ante la injusticia de su desgracia.

Por último y ampliando lo señalado precedentemente, esa utilización  convierte a estos niños y niñas en testigos vivos de la más cruenta violencia, siendo actores de esta realidad. Esto genera peligrosas marcas físicas y psicológicas que los acompañan durante gran parte de su vida, cambiando drásticamente el enfoque que tienen de la vida, la violencia y la muerte, y causando grandes problemas para su integración a la sociedad.

Las secuelas más significativas son: malformaciones, enfermedades venéreas o de transmisión sexual como el HIV-, depresión, estrés postraumático, desnutrición, mutilaciones, adicción a drogas, deficiencias auditivas, discapacidades por heridas de bala o accidentes con minas terrestres, etc.

Las víctimas de abusos sexuales normalmente son rechazadas al regresar a sus casas después de un conflicto. Si vuelven embarazadas o con hijos, la situación empeora. En la República Democrática del Congo, a los niños que nacen tras una violación sexual se les llama “niños del odio” o “niños del enemigo”, siendo marginados socialmente de por vida.

Niños soldados en Sudán

El Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) realizó en 2023 un llamado a fin de acabar el reclutamiento de niños soldados en Sudán del Sur. Desde que estalló el conflicto en 2013, se estima que más de 16.000 menores han sido reclutados por grupos y fuerzas armadas, un fenómeno que continúa a la fecha.

Como argumenta el director africano de Human Rights Watch, “los comandantes constante y brutalmente reclutan y utilizan niños para la guerra interna en total oposición a lo que es la ley de Sudán y la propia seguridad de los menores” (Bekele en Human Rights Watch, 2015, p.2).

La captación de menores de edad para integrar estos grupos armados se da por parte de los dos bandos rivales, es decir que tanto el ejército del presidente de Sudán del Sur como el grupo de rebeldes reclutan niños y niñas para servir como soldados. Sin embargo, cabe destacar que el país no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño, pero sí se ha adherido a la misma. 

Sudán del Sur tampoco cumple con un acta firmada en 2008, años antes de su independencia, llamada Acta del Niño, la cual vela por la liberación de los niños que forman parte de distintos grupos armados en dicho país, y prohíbe su reclutamiento. (United Nations Treaty Collection, 2017).

Pese al Plan de Acción establecido por Naciones Unidas junto a UNICEF, firmado por el gobierno de Sudán del Sur y por el coordinador residente y coordinador humanitario de UNAMID y UNICEF, donde se proponía alcanzar la protección integral de los derechos de la infancia en Sudán del Sur evitando el reclutamiento de menores de edad y la liberación de quienes se encuentran en los bandos en conflicto, con la posterior rehabilitación y reinserción en la sociedad, el reclutamiento de niñas y niños soldados en el país continúa siendo una preocupación para la comunidad internacional, ya que si bien han logrado desmovilizar una cantidad importante de menores, las cifras del reclutamiento siguen siendo terribles.

Niños soldado en el Congo (RDC).

El origen de este conflicto se remonta a la guerra civil de 1998, en la que al menos 30.000 niños y niñas participaron como soldados. En ese mismo año el país consiguió salir de una dictadura para pasar a convertirse en un prototipo de “Estado fallido”, adjetivo utilizado en relaciones internacionales para clasificar a aquellos países que han sido un fracaso en lo social, político y económico, y que han fallado en la garantía de servicios básicos, es decir con un gobierno débil e ineficaz (Amnistía Internacional España, 2020).

Llama la atención que la RDC ratificó los siguientes instrumentos jurídicos: la Convención sobre los Derechos del Niño, el día 27 de septiembre de 1990; el Protocolo Adicional respecto a los conflictos armados, el 11 de noviembre del año 2001; el Estatuto de Roma, el 11 de abril del 2002; y los Protocolos Adicionales a Ginebra (I y II), el 3 de junio de 1982 y el 12 de diciembre del 2002.

Desgraciadamente, los niños y niñas son secuestrados y capturados por las milicias congoleñas, en sus propios hogares y aldeas, para adoctrinarlos con la finalidad de integrar los grupos armados. Otros, se alistan en los mismos para alcanzar una mejor vida y escapar de la pobreza. Pese a la voluntad del niño de formar parte de los mismos grupos armados, se está usando a un menor de edad como soldado activo, siendo esta circunstancia una grave violación.

Los niños de la RDC son reclutados y obligados a entrenarse como niños soldados. La situación de los derechos humanos es extrema para ellos, quienes perciben un incontable número de retos: pobrezaviolencia sexualenfermedades, y la imposibilidad de acceder a comida o agua. Sus derechos humanos son violados frecuentemente, expuestos a la violencia de los grupos armados, en algunos casos secuestrados y forzados a entrar en fuerzas militares. 

El rol de éstos dentro de los grupos armados de la militancia congoleña, en algunos casos,es el de ser obligados a participar como luchadores, porteadores o escolta. Son detenidos ilegalmente por largos periodos de tiempo, donde las condiciones son severas: falta de alimentos, de agua limpia y de cuidados médicos

Los reclutamientos siguen produciéndose y en 2023 alcanzaron niveles “sin precedentes”, denunció en septiembre el jefe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Grant Leaity. 

Según estimaciones al 2024, en RDC habrían más de 30.000 niños incorporados a grupos armados. Se trata de una cifra que ha ido creciendo como consecuencia del recrudecimiento del conflicto en las regiones del este (como Tanganica).

Desde el año 2001, el reclutamiento de niños soldados ha alcanzado a un 40% de los grupos componentes;  y son reclutados antes de los 15 años. Sólo en 2018, 631 casos de reclutamiento y uso de niños en los conflictos armados fue grabado por la Oficina Especial Representativa de la Secretaría General por los Niños del Conflicto Armado.

Dado el crecimiento de conflictos en varias regiones de la RDC, los niños son reclutados para servir en combate, como espías y transportadores. Los menores  son testigos de asesinatos y otros crímenes, son enviados a campos de aprendizaje y entrenamiento de armas, son forzados a cometer serias violaciones a los derechos humanos en contra de civiles o de sus propias familias. En estos casos, los niños son incapaces de asistir a las escuelas y obtener educación. En vez de ello, son obligados a vivir en la violencia y el trauma.

Los niños nacidos por violaciones son también echados de sus comunidades, causándoles traumas y estrés severos. Por ello los menores deben vivir en las calles, un hecho conocido como “niños de la calle”, en donde están expuestos a violencia, a la pobreza y a la falta de vivienda, entre otras cosas.

La acción de la comunidad internacional en República Democrática del Congo se puede plasmar también en el caso de Thomas Lubanga, exjefe del movimiento de rebeldes llamado Unión de los Patriotas Congoleños (UPC), creado en el año 2002. Lubanga fue el primer condenado por la Corte Penal Internacional (C.P.I.) y debe cumplir una pena de 14 años en prisión, por los delitos de crímenes de guerra y reclutamiento de niños y niñas en conflictos armados que llevó adelante en sus años como jefe del movimiento UPC. 

Igualmente, los esfuerzos de esta comunidad resultan escasos ante el aumento de las violaciones en forma sistemática. 

Utilización de niños como escudos humanos.

La prohibición de utilizar civiles como escudos humanos del Protocolo I art 51 señala: “La presencia de la población civil o de personas civiles o sus movimientos no podrán ser utilizados para poner ciertos puntos o zonas a cubierto de operaciones militares, en especial para tratar de poner a cubierto de ataques los objetivos militares, ni para cubrir, favorecer u obstaculizar operaciones militares. Las Partes en conflicto no podrán dirigir los movimientos de la población civil o de personas civiles para tratar de poner objetivos militares a cubierto de ataques, o para cubrir operaciones militares.”

El alcance de la prohibición de los escudos humanos se especifica en dos situaciones: 

  1. Donde los civiles son colocados en el interior o las inmediaciones de objetivos militares.
  2. Donde los objetivos militares son colocados en medio de los civiles. para ocultar las operaciones militares.

     Actualmente, niñas usadas como escudos para “prevenir” ataques con balas, y niñas violadas y forzadas a casarse con soldados en la República Democrática del Congo (RDC), son algunas de las atrocidades que se cometen.

Trabajo forzoso infantil en la República Democrática del Congo (RDC).

La RDC posee las mayores reservas del mundo de coltán y cobalto, y también son importantes sus reservas de diamantes, oro, plata, zinc y manganeso. La explotación de estos recursos ha constituido la base principal del conflicto y así fue reconocido por el mismo Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas entre 1997 y 2006, quien declaró: “La guerra del Congo se libra por el control de sus riquezas naturales”.

Según cálculos de la UNICEF, en 2014 alrededor de 40.000 niños y niñas trabajaban en las minas del sur del país, dedicadas, en su mayoría, a la extracción del coltán (mezcla de minerales esencial para la tecnología moderna, como teléfonos móviles y computadoras) en las minas a cielo abierto en la (RDC), y la proporción de los jóvenes (menores de 18 años) que trabajan en las minas de la región gira en torno al 40%.

La OIT (2001, 2005) define al trabajo forzado como “todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente”. La extracción de este recurso tan codiciado por los gigantes tecnológicos produce un luctuoso baño de sangre en el país africano. Entre otras razones, porque muchos grupos armados se financian con la extracción ilegal para comprar armas.

Las condiciones de trabajo en las minas en la (RDC) son crueles. Al igual que los adultos, trabajan sin cesar y sin ninguna protección o de seguridad. En condiciones de calor insoportables, nubes de polvo rojo y baja luminosidad, estos niños deben cavar túneles de 200 a 300 metros de profundidad, exponiéndose constantemente al riesgo de morir asfixiados por derrumbes u otros accidentes mortales, a cambio de una remuneración de 1 a 2 dólares al día.

Cabe destacar que el trabajo de los niños en las minas es perjudicial para su salud (afectación pulmonar principalmente) y es, sin lugar a dudas, una de las peores formas de trabajo infantil.

El artículo 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño es claro al respecto: «Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social».

La extracción mundial de minerales en la RDC es significativa (oro, cobalto, coltán, cobre, etc.) está en pleno apogeo y este país posee más de la mitad de la producción mundial. 

 Existen numerosas empresas extractoras de cobalto y coltán en la RCD que contratan a niños para extraer el mineral directamente a mano o con herramientas rudimentarias, sin ninguna medida de protección.

Resulta inconcebible que compañías multinacionales de explotación minera continúen desarrollando sus actividades en relación comercial con las distintas facciones armadas. En diversos casos, la acción de estas compañías ha contribuido negativamente a la evolución del conflicto, desarrollando sus actividades al margen de la Guía para las empresas multinacionales elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El panel de expertos de Naciones Unidas sobre la explotación de recursos naturales de la RDC, en 2002 determinó que 89 empresas multinacionales incumplían esta Guía. La mayoría de ellas son de países miembros de la OCDE, como Estados Unidos, Bélgica, Gran Bretaña, Alemania, Suiza, etc.

Esta situación de las empresas extractivistas en la RDC se sostiene a pesar de que la ONU ha establecido líneas directrices en el ámbito del comercio que hacen hincapié en la responsabilidad de las empresas para garantizar el respeto de los derechos humanos en el marco de sus actividades.

La gravedad radica en que las multinacionales, generalmente hacen caso omiso de las directrices y apenas se preocupan -por no decir que no se preocupan nada- de las condiciones de extracción de los minerales y continúan contratando niños.

Caddy Adzuba abogada, periodista, locutora y activista por los derechos de la mujer, la infancia y la libertad de prensa en el Congo, en 2014, cuando recogió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, como siempre, habló claro: “Permitidme pedir cuentas a ciertas empresas multinacionales, que, en la búsqueda de sus intereses, han contribuido a asolar a sangre y fuego este grande y bonito país arrebatando la vida a más de seis millones de personas y la dignidad y el honor a más de 500.000 mujeres violadas”.

Según el relato de Muntosh, un niño de 12 años de Kolwezi, en la RDC, , a susseis años presenció el asesinato de su hermano mientras trabajaba en una mina de cobalto. Como su familia necesitaba ingresos, siguió trabajando y pasó seis años en las minas antes de unirse a los Clubes de Recuperación de Save the Children. Sin embargo, el desgaste físico del trabajo en la mina aún lo afecta a diario.

Conclusiones

  • La utilización de niñas y niños en facciones militares, tanto gubernamentales como no gubernamentales, es una práctica que no solo va en contra de los derechos fundamentales de los niños, si no que deja huellas profundas para el resto de sus vidas y que se reflejarán en el futuro de toda sociedad.
  • Hoy, el reclutamiento de niños y niñas en conflictos armados permanece y, a pesar de los avances alcanzados durante las últimas décadas en la campaña mundial para ponerle fin al flagelo, no se alcanzaron los resultados deseados.
  • En los últimos años, la comunidad internacional ha realizado numerosos   intentos para mitigar el problema de los niños soldados en el continente africano, realizando numerosas conferencias mundiales y regionales con la intención de implementar medidas concretas que desalienten el uso de niños en combate. 
  • Los instrumentos jurídicos internacionales aprobados y ratificados y el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, nos exponen un gran esfuerzo y voluntad de la comunidad internacional para proteger los derechos del niño, y eliminar gradualmente su participación directa en las hostilidades.
  • Conforme al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2020) hay alrededor de 300.000 niñas y niños menores de 18 años que son reclutados en más de 30 conflictos en todo el mundo. 
  • Para poner fin a este flagelo debe existir una dura voluntad internacional de fomentar políticas que reduzcan el sufrimiento de menores en los conflictos.
  • En los actuales conflictos armados, los niños y niñas son las primeras víctimas, siendo uno de los grupos más vulnerables, donde distintos grupos armados continúan haciéndolos formar parte en sus organizaciones como “soldados”.
  • Vemos que algunos avances de la comunidad internacional no han sido en vano. En febrero de 2001, el Ejército Popular de Liberación de Sudán (SPLA) desmovilizó a casi 2.500 niños soldados de las zonas de combate en el sur de Sudán (Mwangi 2001:11). Además, el Frente Revolucionario Unido (FRU) de Sierra Leona liberó a casi 600 niños en mayo de 2001 (Farah 2001: A20). Pero aún queda mucho por hacer para garantizar que los niños de todo África tengan un futuro promisorio. 
  • Las consecuencias traumáticas en los niños y niñas participantes de conflictos armados pueden tener efectos duraderos en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños y niñas, lo que afecta a su capacidad para prosperar en el futuro. 
  • La Convención sobre los Derechos del Niño es clara mencionando que los niños están protegidos de “la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.
  • Las condiciones laborales de los niños en las minas son precarias, lo que los expone a graves riesgos para la salud, como enfermedades respiratorias y digestivas debido a la inhalación de polvo, entre otras.   

Bibliografía

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  • Oliver (2016). “Trabajo infantil en las minas de la República Democrática del Congo”. https://www.humanium.org.
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