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Maternidad adolescente: una mirada integral sobre los desafíos, las causas y el acompañamiento necesario

Maternidad adolescente: una mirada integral sobre los desafíos, las causas y el acompañamiento necesario

21 de agosto de 2026

Entrevista realizada por el Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos a Maria Elena Critto


En el marco del Mes de la Maternidad, dialogamos con María Elena, socióloga graduada de la Universidad del Salvador e integrante de Mujeres Independientes y Federales, organización que busca promover un cambio de paradigma orientado a revalorizar el aporte integral de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad. Durante la entrevista, compartió una reflexión sobre la maternidad adolescente, los factores que pueden influir en su desarrollo y la necesidad de impulsar políticas públicas que contemplen tanto la prevención como el acompañamiento. Para comenzar, María Elena destacó la importancia de reconocer el valor social de la maternidad. Señaló que la maternidad constituye el primer vínculo humano y que, gracias a ella, es posible la continuidad de la sociedad. Según explicó, es durante la gestación donde comienza la primera relación de todo ser humano y donde se desarrollan los vínculos iniciales que luego estructuran la vida social. En ese sentido, sostuvo que actualmente existe una mirada que, en muchas ocasiones, invisibiliza o minimiza el valor de la maternidad. Afirmó que diversos estudios científicos muestran que uno de los factores más importantes para la felicidad humana son los vínculos interpersonales, por lo que el fortalecimiento y cuidado de esas relaciones debería constituir una preocupación central para la sociedad.

¿Qué entendemos por maternidad adolescente?

María Elena explicó que la maternidad adolescente comprende los casos de embarazo entre los 10 y los 19 años de edad. A su vez, señaló que el embarazo puede tener distintos desenlaces: nacimientos vivos, abortos inducidos o abortos espontáneos. Sobre este punto, indicó que actualmente existen registros oficiales vinculados a nacimientos de madres adolescentes, pero advirtió sobre la falta de datos respecto de otros desenlaces del embarazo, situación que, según manifestó, representa una señal de alerta y una limitación para comprender integralmente el fenómeno. Asimismo, destacó la necesidad de diferenciar las situaciones comprendidas entre los 10 y los 14 años de aquellas entre los 15 y los 19 años, ya que se trata de realidades distintas, con consecuencias y necesidades específicas. Otro aspecto mencionado fue la ausencia de registros sobre la paternidad adolescente. Según explicó, contar con esa información permitiría una comprensión más amplia de las dinámicas relacionadas con el embarazo adolescente y contribuiría al diseño de mejores políticas públicas.

Factores que pueden influir en el embarazo adolescente

Desde una perspectiva sociológica, María Elena planteó que la problemática debe abordarse desde etapas tempranas y no únicamente cuando el embarazo ya se ha producido. Según sostuvo, muchos procesos vinculados a la construcción de la afectividad y de los vínculos comienzan durante la infancia y continúan desarrollándose durante la adolescencia. Entre los factores que señaló, mencionó la exposición temprana de niños, niñas y adolescentes a determinados contenidos y estímulos para los cuales pueden no estar preparados emocionalmente. En la entrevista describió este fenómeno como una “hipersexualización temprana”, caracterizada por el acceso a materiales o mensajes que, según indicó, pueden adelantar experiencias y procesos para los que aún no existe madurez suficiente. En relación con ello, hizo referencia a datos provenientes de encuestas mundiales de salud escolar, señalando un aumento de la iniciación sexual temprana entre adolescentes. También destacó que los jóvenes reciben múltiples estímulos provenientes de redes sociales y otros espacios digitales, lo que —según explicó— puede incrementar situaciones de exposición a riesgos como el acoso, el grooming o diversas formas de violencia. Además, planteó que una educación centrada exclusivamente en dimensiones físicas y desvinculada de aspectos afectivos y relacionales podría resultar insuficiente para abordar integralmente el desarrollo humano. Desde su perspectiva, la construcción de vínculos de respeto, cuidado y reconocimiento mutuo constituye un elemento esencial para el desarrollo de relaciones saludables.

Salud mental, vínculos y consecuencias sociales

Otro de los ejes centrales de la entrevista estuvo vinculado con la salud mental de niños, niñas y adolescentes. María Elena señaló que la debilidad o ausencia de vínculos afectivos sólidos puede generar consecuencias emocionales importantes y expresó preocupación por el aumento de situaciones de soledad, aislamiento y sufrimiento psicológico en adolescentes. Durante la conversación hizo referencia a datos que indican que un 21% de adolescentes entre 13 y 17 años manifestó haber pensado seriamente en el suicidio, señalando además que este fenómeno presenta una incidencia mayor entre las mujeres. Asimismo, vinculó la fragilidad de los vínculos con otras problemáticas como adicciones, situaciones de abuso y violencia. También mencionó datos de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), indicando un incremento en los casos registrados de violencia sexual entre 2016 y 2021. Según expresó, estas situaciones requieren una mirada integral que contemple las dimensiones emocionales, sociales y relacionales del desarrollo adolescente.

El desafío de las políticas públicas: prevención y acompañamiento

Respecto de las políticas públicas, María Elena sostuvo que muchas intervenciones actuales se concentran en actuar una vez que el problema ya está presente y consideró que las estrategias preventivas podrían resultar más efectivas. En ese sentido, propuso fortalecer desde edades tempranas la educación para la afectividad, la construcción de vínculos saludables y el reconocimiento del valor de cada persona. Subrayó además el rol fundamental de los adultos y de los distintos ámbitos sociales —familias, escuelas, instituciones y comunidades— en el acompañamiento de niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, también remarcó que cuando un embarazo adolescente ya ocurre resulta indispensable desarrollar políticas específicas de acompañamiento. Según señaló, muchas jóvenes atraviesan estas situaciones enfrentando dificultades sociales, educativas y económicas, así como experiencias de estigmatización o aislamiento. Entre las posibles medidas mencionó la necesidad de impulsar políticas que permitan sostener trayectorias educativas, brindar mayor flexibilidad institucional y fortalecer redes de apoyo tanto para madres como para padres adolescentes. Asimismo, destacó la importancia de evitar situaciones de abandono y de generar respuestas que acompañen a quienes atraviesan estas experiencias desde una perspectiva humana e integral.

Una mirada centrada en el valor de los vínculos

Como reflexión final, María Elena sostuvo que una sociedad que reconoce el valor de los vínculos humanos y fortalece las relaciones de cuidado y acompañamiento genera mejores condiciones para el desarrollo individual y colectivo. En sus palabras, promover una cultura basada en el reconocimiento, el respeto y el cuidado mutuo no solo impacta en el bienestar individual, sino también en la construcción de una sociedad con mayores posibilidades de desarrollo y futuro. Esta mirada invita a pensar la maternidad adolescente no únicamente como una problemática aislada, sino como un fenómeno complejo que requiere abordajes integrales, prevención temprana y un fuerte compromiso social e institucional.

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