El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, terminando con más de un siglo de discriminación dentro de la medicina. Aunque por aquella decisión sólo se despatologizó la orientación sexual mientras mantuvo muchos años más la patologización sobre las personas travestis y trans -consignando sus identidades como una “disforia de género”-, aquel fue un acontecimiento histórico muy importante en la lucha por el reconocimiento de derechos y la creación de políticas públicas para la población LGBTIQ+.

Propuesta en 2004, la fecha se consolidó un año después como el día de visibilidad, promoción y reclamo por la protección y pleno goce de los derechos humanos de esta población a nivel internacional. La idea, impulsada por un comité denominado IDAHO (por las iniciales de International Day Against Homophobia), hoy se gestiona colectivamente y en colaboración entre redes regionales y temáticas que trabajan para promover los derechos de las personas con orientaciones sexuales, identidades o expresiones de género y características sexuales no hegemónicas y disidencias. En la actualidad se celebra en más de 130 países, incluidos 37 donde los actos entre personas del mismo sexo son ilegales.

Aunque la fecha se conoce mundialmente como el Día Internacional contra la Homofobia, Lesbofobia, Transfobia y Bifobia, es cada vez más común referirse a esta como el Día Internacional de la Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género, tal como lo hacen, por ejemplo, legislaciones de distintas jurisdicciones en Argentina. El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Argentina lo explica: “Este cambio en el nombre responde a que, si bien ´homofobia´, ´transfobia´, ´lesbofobia´ y ´bifobia´ son términos que comúnmente se utilizan para hablar de odio o rechazo hacia las personas LGBTIQ+, no son los correctos toda vez que no se trata de una fobia, es decir, de un trastorno de salud psicológico, sino de actos discriminatorios aprendidos socialmente, que conllevan una sanción legal”. De todos modos, más allá de los evidentes avances a nivel mundial, organizaciones de derechos humanos en todo el mundo mantienen la lucha por la despatologización total de las identidades travestis y trans, y continúan reclamando su retiro por completo de la Clasificación Internacional de Enfermedades, a la vez que se respete y garantice la más absoluta libertad de expresión de la orientación sexual e identidad de género.