El 10% de la población mundial vive hoy en situación de extrema pobreza, con dificultades para satisfacer las necesidades más básicas, como la salud, la educación y el acceso a agua potable y saneamiento. Esto es más de 700 millones de personas, aunque los índices de pobreza en las áreas rurales son del 17,2 %, más del triple que para las áreas urbanas.

El 17 de octubre de 1987, más de cien mil personas se congregaron en la plaza del Trocadero, en París, donde en 1948 se había firmado la Declaración Universal de Derechos Humanos, para rendir homenaje a las víctimas de la pobreza extrema, la violencia y el hambre. La multitud reunida proclamó que la pobreza es una violación de los derechos humanos y expresó la necesidad de sumar esfuerzos para garantizar su respeto.

En 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró al 17 de octubre de cada año como Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza e invitó a todos los Estados a que “dediquen el Día a presentar y promover, según proceda en el contexto nacional, actividades concretas de erradicación de la pobreza y la indigencia”.

El primero de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, de la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible adoptado en 2015 por la ONU, está enfocado a poner fin a la pobreza en todas sus formas en el mundo.  Según datos del propio sitio web, la situación venía mostrando una recuperación, ya que “a nivel mundial, el número de personas que viven en situación de extrema pobreza disminuyó desde un 36 % en 1990 hasta un 10 % en 2015”.

De todos modos, la situación provocada por la pandemia obliga a estar en alerta, porque “el ritmo al que se produce este cambio está disminuyendo, y la crisis de la COVID-19 pone en riesgo décadas de progreso en la lucha contra la pobreza. Las consecuencias económicas de la pandemia podrían incrementar la pobreza en todo el mundo hasta llegar a afectar a 500 millones de personas más. Esta sería la primera vez que la pobreza aumente en todo el mundo en 30 años, desde 1990”.