En 1983, durante el II Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Lima, Perú, se declaró el 22 de julio “Día Internacional del Trabajo Doméstico”, fecha establecida para promover el reconocimiento de este ámbito del trabajo femenino que aún se mantiene poco visible en tanto aporte económico y cuyo cumplimiento redunda en dobles o triples jornadas de actividad para la mayoría de mujeres.

Uno de los puntos más importantes a debatir dentro de este congreso fue la discriminación que sufren las personas que se dedican a este trabajo, la falta de leyes, la necesidad de un pago digno por su labor y el derecho a una protección social por parte de los estados.

Un informe previo a la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer de la ONU, preparado por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem) señala que si las mujeres fuesen remuneradas por el trabajo doméstico y la crianza de niñas y niños, sus salarios representarían la mitad de los ingresos de cada nación.

Como parte de la celebración es dable que se democratice el trabajo al interior de los hogares de manera equitativa para todas y todos los integrantes de la familia y que se promueva el respeto a los derechos laborales de las trabajadoras del hogar, creando instancias legales que regulen sus condiciones de empleo y trabajo.