Hace 45 años nuestro país fue víctima, en el marco de las disposiciones previstas en la Operación Cóndor organizada para el Cono Sur, del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que significó el golpe de Estado militar más cruel del siglo XX.

La violencia política ejercida desde el Estado, con la condescendencia de grupos civiles, se manifestó en la diseminación del terror en todo el cuerpo social expresada en una práctica que ninguno de los regímenes previos había practicado: la desaparición sistemática de personas.

Así, comenzaron a montarse centros clandestinos de detención al tiempo que se dictaban una serie de medidas que consolidaban un estado de excepción. El silencio, la censura, la represión fueron algunas de las armas usadas para aumentar el control social argumentando la necesidad de orden de disciplinamiento.

En el dolor de toda una comunidad amordazada surgieron las madres y abuelas que eligieron la plazas de todo el país para romper el muro de silencio sobre las desapariciones de sus hij@s y niet@s y recomponer una territorialidad social.

La acción de estas mujeres estuvo dada por un fuerte supuesto cultural: la maternidad como valor fundamental. En una sociedad fuertemente conservadora, donde era mandatorio que las mujeres se dedicaran al cuidado y crianza de sus hij@s, la protesta y la búsqueda de las madres y de las abuelas, a partir de la lucha por la aparición con vida de sus hij@s y niet@s, permitió que lo personal se transformara en un hecho político. Lejos de cuestionar su condición de mujeres, en inverso movimiento, la sociedad las transformó en líderes de la resistencia.

Este lugar de resistencia también fue apropiado por el arte y la cultura desde donde surgieron expresiones populares genuinas que enfrentaron la censura y el vaciamiento estético impuesto por parte del gobierno de facto.

El rol de la cultura y de las mujeres que lucharon contra la dictadura cívico militar constituyó, también, un legado inesperado donde los jóvenes encontraron la fortaleza y el apoyo solidario para enfrentar al horror.

Hoy, 45 años después, mantenemos la memoria y reivindicamos la lucha por la verdad y la justicia. Por las madres y las abuelas, por los jóvenes y la cultura en resistencia, por la vida.

Ahora y siempre.