Cada 26 de marzo, por resolución de Naciones Unidas, se celebra el Día Mundial del Clima para concienciar a la población sobre la importancia que tienen nuestras acciones y actividades en la variación climática y para hacernos eco del problema con el fin de generar hábitos más acordes a la protección del medio ambiente.

El cambio climático está haciendo que nuestro mundo sea más peligroso. En efecto, las tormentas, con mayor frecuencia y fuerza, están destruyendo vidas, hogares. Las graves sequías están asfixiando los medios de vida rurales. El aumento del nivel del mar pone en peligro a las zonas bajas y a países insulares. Se espera que entre 2030 y 2050 se produzcan otras 250.000 muertes anuales relacionadas con el clima a causa de malnutrición, malaria y estrés térmico.

El cambio climático afecta a todas las personas, pero son las más pobres y las que se encuentran en situación de vulnerabilidad, especialmente mujeres y niñas, quienes más sufren las consecuencias de las crisis medioambientales, económicas y sociales.

Ante un panorama colmado de evidencias de amenazas naturales asociadas con las variaciones del clima del planeta y tomando en cuenta que en los escenarios a futuro se prevén efectos más complejos debemos recordar la importancia de:

– Respetar los acuerdos internacionales

– Promover legislaciones que protejan el medio ambiente

– Sustituir el uso de los combustibles fósiles por otras fuentes de energía alterna (energía eólica, energía solar).

– Usar, de manera más eficiente y racional, productos agroquímicos

– Invertir en sistemas de riego más eficientes con menores pérdidas de agua

– Contribuir con las actividades de reforestación, complementado con educación ambiental

– Promover la protección de los derechos humanos de las y los defensores que son perseguidos y asesinados por su activa protección del medio ambiente, usualmente en sus tierras de origen

En concordancia con el Acuerdo de París de diciembre de 2015, en la COP21 (en idioma inglés) que entró en vigor en noviembre de 2016, para responder al cambio climático y contribuir a crear la resiliencia climática que el mundo necesita y demanda, se definió reducir, de forma contundente, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y limitar el aumento global de la temperatura en este siglo a 2 grados, al tiempo de buscar medios para limitar el aumento, aún más, a 1.5 grados. Este acuerdo brinda un marco por el que deberán regirse los esfuerzos mundiales durante los próximos decenios.