El 28 de junio de cada año se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+ en conmemoración de los denominados disturbios de Stonewall, iniciados ese día de 1969 luego de una redada policial en un bar de Nueva York (EEUU). Stonewall, era uno de los pocos lugares de esparcimiento en esa ciudad que permitía el ingreso de personas homosexuales, en el marco de una sociedad que las maltrataba, una policía que las arrestaba o las humillaba públicamente y al tiempo que sufrían marginaciones o expulsiones de los centros de estudios.

Como respuesta a aquella razzia surgieron de forma espontánea revueltas y manifestaciones violentas que -junto a otros hechos que ocurrieron posteriormente- son considerados como las primeras muestras de lucha del colectivo homosexual en Estados Unidos y en el mundo. Hoy, cada 28 de junio es una celebración no oficial de reafirmación del orgullo sobre las identidades y orientaciones sexuales y de género tradicionalmente marginadas y reprimidas, pero también para visibilizar su presencia en la sociedad y sus reclamos, muchos de ellos en plena vigencia en diferentes partes del mundo.

Si bien en muchos países se ha avanzado en la lucha por el reconocimiento de derechos y la creación de políticas públicas para la población LGBTIQ+, incluyendo por supuesto la histórica e importantísima decisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1990 eliminando la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales (terminando con más de un siglo de discriminación dentro de la medicina) la celebración de cada Día del Orgullo LGBTIQ+ es una respuesta política hacia los distintos mecanismos que el sistema tradicionalista continúa utilizando en muchos lugares contra quienes se “desvían” de la heteronormatividad: la vergüenza, la exclusión y las agresiones físicas que pueden llegar incluso hasta la muerte de la víctima.