“Ni una menos nació ante el hartazgo por la violencia machista, que tiene su punto más cruel en el femicidio. Se nombró así, sencillamente, diciendo basta de un modo que a todas y todos conmovió: ‘ni una menos’ es la manera de sentenciar que es inaceptable seguir contando mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres o cuerpos disidentes y para señalar cuál es el objeto de esa violencia”. De la Carta Orgánica del Colectivo Ni Una Menos.

El 3 de junio de 2015 una multitud de mujeres de todas las edades y sectores sociales irrumpió en las calles de Buenos Aires y otras ciudades de Argentina para exigir el fin de los femicidios, la forma más extrema de la violencia machista que el feminismo venía denunciando desde hacía décadas. En las semanas previas a esa movilización, y al calor de la fuerza arrolladora que expresó la multitud ocupando los espacios públicos y el documento que se elaboró para aquel día, nació el Colectivo Ni Una Menos, constituido por una pluralidad de voces y tonos que expresaban la marea feminista que surgía desde Argentina y también el resto de la región.

Uno de los reclamos de 2015 fue poder conocer de forma oficial y sistematizada el registro de femicidios en el país, con la información que brindan los tribunales de cada provincia. Por eso se consideró luego un gran avance la realización de un informe que difunde la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de la Nación de Argentina. El que reúne datos del 2020 marca que en Argentina hay un femicidio cada 35 horas. Son 251 víctimas directas de femicidios en 2020, entre ellas 6 víctimas de travesticidio/transfemicidio. Con el dato alarmante de un pico de femicidios registrado en abril del año pasado, durante el aislamiento social preventivo obligatorio (ASPO) por la pandemia por coronavirus.

La realidad marca que los asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres no han disminuido en estos seis años. Aunque se han observado algunos avances en políticas públicas, se ha concretado la creación de registros oficiales y también se ha generalizado la condena social, desde el feminismo se sigue demandando otras acciones. Para la convocatoria de este año -virtual por la pandemia- se puntualizan algunas exigencias como una reforma judicial con perspectiva de géneros y feminista, la efectiva implementación de las leyes de IVE e ILE y de parto respetado, la sanción de una ley nacional de Cupo e Inclusión laboral, travesti y trans, y más presupuesto específico para políticas integrales contra los femicidios, travesticidios y transfemicidios, entre otros importantes reclamos.

Más allá del impacto institucional, la irrupción del Ni Una Menos le dio un gran impulso al trabajo que desde algunos sectores se venía realizando en pos de visibilizar otros tipos de violencia machista que permanecían ocultos, silenciados y a veces naturalizados, como la discriminación laboral, los acosos, y los abusos sexuales. Una violencia originada en cuestiones políticas, culturales y económicas, en estructuras que necesitan desmantelarse. El Ni Una Menos logró que la sociedad pueda sacar la discusión sobre la violencia machista de los ámbitos tradicionales para instalarla en la vida cotidiana y en la agenda política.